Siempre sentí que existía un mundo hecho de colores suaves, brillos chiquitos, corazones multicolores y texturas livianas como una caricia. Un mundo delicado, alegre y lleno de fantasía. Me quedaba mirando los volados que bailan con el viento, los tonos pastel que alegran los días y esas lentejuelas delicadas que iluminan sin exagerar, como pequeños destellos de felicidad. Detalles simples, pero llenos de encanto. Soy mamá de tres varones, pero siempre fui muy observadora de las nenas: de cómo juegan, de cómo eligen colores, de cómo inventan mundos propios donde todo es posible. Con el tiempo empecé a imaginar cómo sería transformar ese universo de fantasía que veía en ellas en prendas que las acompañen de verdad. Prendas pensadas como pedacitos de cuento para vestir sus días: arcoíris suaves, moñitos que vuelan, corazones, brillos sutiles y mucha alegría. Detalles que no buscan llamar la atención, sino acompañar su forma de ser. Sentí ganas de crear un lugar donde cada nena pudiera mostrarse tal cual es, sin vergüenza, con dulzura y mucho brillo.
Así nació VIK — Very Important Kids.
Del deseo de crear prendas que abracen la infancia, cuiden los detalles y tengan magia sin exagerar. Prendas que respeten ese mundo sensible, luminoso y único que vive dentro de cada niña. Cada prenda guarda un pedacito de ese mundo: un corazón pastel, un brillo que se mueve con la luz, un color que abraza, un detalle que regala sonrisas. Este es el universo que imaginé. Un lugar para mirar despacio, sentir, recordar la infancia… y dejarse llevar por la magia de los pequeños detalles.